Sabemos que España es un país de diversidad, y esta diversidad se manifiesta también en nuestro comportamiento respecto al Sistema de la Seguridad Social, enfrentándose en un duelo a vida o muerte las dos caras de una moneda: aportaciones y defraudaciones a la Seguridad Social.

Que los recursos económicos de la Seguridad Social son escasos y limitados es un hecho indudable, como también lo es el hecho de que el número de afiliados a la Seguridad Social ha caído en la última década y que la necesidad “agudiza” el ingenio de aquellos que ven en las prestaciones de la Seguridad Social un medio de obtener un sustento económico, en defecto del sueldo que proporciona el trabajo.

Estos días en que se habla largo y tendido de la contratación temporal que acompaña la época estival, de los datos sobre la caía del desempleo estacional, de la evolución de la economía española y, por supuesto, del déficit público y las exigencias marcadas desde Europa; dos noticias, totalmente contrapuestas, nos llaman la atención.

Por un lado, han salido a la luz informaciones del Tribunal de Cuentas en las que se ha detectado que casi 30.000 personas fallecidas constaban continuando percibiendo una pensión en el año 2014 por un importe total anual de aproximadamente 300 millones de euros.

Se pone, así, en tela de juicio la efectividad de los mecanismos de la Seguridad Social para ejercer un efectivo control sobre los desembolsos que efectúa a través de su sistema de pensiones, manifestándose la existencia de “lagunas y deficiencias”.

Por su parte, el INSS ha cuestionado la veracidad de este alarmante titular, motivando que la Seguridad Social cruza los datos en orden a evitar estos fraudes. Así, afirma que existe una coincidencia entre la numeración de los documentos de identidad de los beneficiarios, pero ningún dato coincidente más (nombre, domicilio, etc.).

Lejos de entrar en disputas sobre quién lleva razón, lo cierto es que, para valorar los datos de una forma correcta e insesgada, hay que conocer el procedimiento y las pautas que se han seguido para llegar a estas conclusiones, es decir, habrá que partir de premisas consistentes para obtener resultados válidos.

Además, todo el peso del control no está recayendo en exclusiva sobre el INSS. Las entidades bancarias también efectúan “controles de presencia” o “fe de vida” con carácter anual, exigiendo que el titular de la pensión acuda presencialmente a la entidad con carácter anual. Por lo que la posibilidad de defraudar pensiones se limita temporalmente mucho.

Por otro lado, en la acera de enfrente, nos encontramos con la antítesis de las sustracciones al sistema de la Seguridad Social, las súper aportaciones.

Hace unos días se publicó la noticia de un ciudadano –Ramiro Carregal- que había batido el record de cotización a la Seguridad Social, 87 años, arrebatando este honor a Francisco Parra, que “tan solo” llevaba cotizados 71 años. Aportaciones a un sistema por las que ambos se sienten orgullosos. Esta es la auténtica noticia que todo periódico debería llevar como titular.

MSJ.